LA PINTORA Y LOS POETAS
Ante un cuadro de Leticia Ocharán
La vista se detiene,
contradicta,
en el seno de perenne movimiento
que mueve a Leticia en los colores,
y llega hasta el guerrero, que en la tela,
revive, obsidianidoso, sus prehispanerías
y se tiende sobre el plano amarilloverdeante
para seguir la ruta del guerreador,
quien no repara en la intrusidad de la mirada
insiste en un por siempre avanzar el paso
suspendido entre los bastidores.
¿Qué afrentas irá a vengar su piel de piedra?
¿Qué redimisiones le habrá enfuturado su autora?
Y mientras este guerrero
se desprende de las texturas
(es decir, mientras lo arranca la vista
para llevarlo a desfacer posthispánicos entuertos),
la voz de la Coatlicue,
violentamente viva,
se hace presente
en un manchón de sombra protectora
con su difícil ternura de piedra eterna.
Roberto López Moreno